La plaza

Mariela decidió que llevar a su hijo a la plaza no sería malo. En la plaza, además, había una cafetería. Era un cafetería/kiosko, y afuera había un gran espacio con hamacas y toboganes. Ella podría tomarse un té, y mirar como su hijo jugaba. 

Eran las cuatro en punto cuando estacionaron el auto en el estacionamiento. Se bajaron y Mariela invitó a su hijo a que vaya a conocer algunos amigos y a las hamacas, que a él tanto le gustaban.

Mientras tanto, se sentó en la mesa de afuera más cercana a las hamacas. Desde allí, se podía ver a su hijo del tamaño de una gran cucaracha. 

“¿Disculpeme?”

“Sí” Mariela levantó la cabeza.

Un camarero, alto con cara de torpe, la miraba con una bandeja. 

“¿Ese de allá es su hijo?”

“Eh… Sí, ese es el”

“A, pero que bueno. ¿Usted sabe que tenemos una sala de juegos adentro? Con este frío… su hijo podría pasar unos segundos. Allí ya hay 5 niños jugando a tate-ti, ‘jedrez, y juegos tranquilos.”

“Ah, que bueno. ¿Dónde está?”

“Puerta de allá”.

La madre guió a el pequeño a la puertita. Los pequeños jugaban allí dentro.

“¿Quiere una taza de té?” 

“De acuerdo, gracias”.

El señor se fue dando la media vuelta. Al rato trajo una tacita de té.

“Perdon que no le pregunté antes, pero es que solo nos quedaba común, así que nada, decidí mejor no preguntar”

“No se preocupe, nunca tomó otros tés” lo tranquilizó Mariela. Dió un sorbo. “¿No sería tan amable de traerme dos paquetitos de azúcar?”

“Lo hubiera dicho antes” Dijo, y fue por los paquetitos.

Después de revolver la taza, Mariela dió un sorbo. Ahora sí que estaba dulce. 

Llegó una señora con su hijo. Observó por la ventana como se iba el niño a las hamacas, y la señora a una mesa. Salió por la puerta y preguntó como siempre si aquel era su hijo. 

“Eh… Sí, ese es el”

Le habló sobre el lugar donde los niños iban, si es que tenían frío. Le comentó que allí jugaban juegos tranquilos, y que había un mini tobogán también. La señora preguntó por dónde era aquel lugar.

“Puerta de allá”

Así que la señora se levantó y llevó al niño con los demás.

“¿Quiere una taza de té?” 

“De acuerdo, gracias”.

Así que el camarero se fue para donde estaban los niños.

“Matias, veni un segundito.”

Se lo llevó por una puerta que estaba allí, lo ató a la máquina como siempre, y le puso los cables. La sangre ya salía. Finalmente, tomó el líquido rojo y lo puso en una taza, y después le puso un poco de colorante negro… 

2 comentarios en “La plaza”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s