LA ESCUELA

Los niños, de más o menos 7 u 8 años, entraron al salón. Allí estaba una mujer. Los esperaba a todos los chicos, que iban entrando por la puerta, y se sentaban. Inmediatamente la pantalla frontal, que ocupaba toda la pared, se prendía, y aparecía una línea roja. Una línea roja, recta. Detrás de ella, no había nada mas que negro. No una caja 3D negra, ni nada. Solo negro liso. Y entonces empezó el sonido. Tic, tac, tic, tac, tic, tac…

Sonaba largo. Intenso. Mientras se escuchaba, la línea roja apuntaba para la derecha, en diagonal. Hacia arriba. Y luego hacía lo mismo para la izquierda. Como el parabrisas de un coche. Y el sonido sonaba. Tic, tac, tic, tac. Estuvo de esta forma durante dos minutos. Entonces se apagó todo. Menos la luz de la habitación. El sonido y la pantalla, se habían apagado. Entonces se encendió la pantalla. Pero no sonó el sonido. Entonces la línea empezó a hacer su movimiento. Y en ese entonces el sonido no sonaba. Pero, si sonaba. Todos los niños de aquel lugar lo escuchaban. Pero el sonido no se escuchaba. Solo era el movimiento de la línea. Pero los chicos lo escuchaban. Entonces se apagó la pantalla. Y el sonido comenzó. Esta vez sonaba. Pero la pantalla no se había encendido. Estaba apagada. Sin embargo, la línea ESTABA ALLÍ. Con su fondo negro y todo. Entonces, se apagó todo. Menos, las luces del techo. Se volvió a encender la pantalla. Pero en lugar de la línea, lo que aparecía delante de el fondo negro era un texto que ponía, de color blanco y bien iluminado: 2+2=. Los niños miraban. Desapareció el “2+2=”. Solo estaba el fondo negro ahora. Y empezó el sonido. Tic, tac, tic, tac… Para cuando empezó el sonido, en la pantalla frontal apareció el “2+2=”, pero esta vez pasó un segundo, y el “2+2=” se cambió por “2+2=4”. Luego, desapareció, y solo estaba el fondo negro. Y el sonido. Tic, tac, tic, tac… En 3 segundos apareció el “2+2=” y luego el “2+2=4”. Y luego se repitió. Y una vez más. Y otra. Y otra. Y otra. Y después de esa se apagó el sonido y la pantalla. Y sonó el sonido. Y todos veían el “2+2=4”, excepto por la mujer, que hace rato estaba mirando para el otro lado. Todos veían el “2+2=4”… Pero solo el sonido se estaba reproduciendo. La pantalla no. Esta estaba apagada. Pero los niños lo veían. 

Era hora del recreo. Los chicos salieron al patio. El recreo duraba 15 minutos, en los cuales constantemente se reproducía el sonido. Tic, tac, tic, tac, tic, tac… Y los chicos veían el “2+2=” que se transformaba en “2+2=4” en todas las paredes. En cada lugar de las paredes. Pero las paredes seguían blancas, amarillentas.

Pasaron los 15 minutos. Los chicos volvieron al salón. Allí los aguardaba la mujer, que solamente servía para ver si algo andaba mal. En la pantalla apareció el “2+2=” que automáticamente se transformaba en “2+2=4”. Los chicos decían a coro:

“Dos más dos, cuatro. Dos más dos, cuatro. Dos más dos, cuatro. Dos más dos, cuatro. Dos más dos, cuatro. Dos más dos, cuatro.”  

Entonces se apagó la pantalla, y empezó a sonar el sonido. Los chicos veían el “2+2=4” en la pared, y decían a coro:

“Dos más dos, cuatro. Dos más dos, cuatro. Dos más dos, cuatro. Dos más dos, cuatro. Dos más dos, cuatro. Dos más dos, cuatro.”  

Se apagó el sonido. Se apagó la pantalla. Y los niños decían a coro:

“Dos más dos, cuatro. Dos más dos, cuatro. Dos más dos, cuatro. Dos más dos, cuatro. Dos más dos, cuatro. Dos más dos, cuatro.”  

Ahora los niños sabían que dos más dos es cuatro. Y jamás lo iban a olvidar.  

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